El confinamiento pone sobre la mesa el futuro del teletrabajo

Expertos aseguran que no todas las personas están capacitadas para teletrabajar

El confinamiento pone sobre la mesa el futuro del teletrabajo
03/09/2020 -

La aplicación de videoconferencias Zoom multiplicó por 43 las ganancias entre febrero y julio en comparación con el mismo periodo de 2019. Estos datos reflejan que el teletrabajo ha sido – y continúa siendo para muchos – una alternativa muy concurrida en esta pandemia mundial y que ha permitido a muchos trabajadores poder ejercer su ocupación, aunque sea desde casa. El trabajo en el domicilio puede tener algunos aspectos positivos para hacer más cómoda la vida de los trabajadores: se ahorra tiempo en desplazamientos, el coste de administración por luz y electricidad se reduce considerablemente y hasta permite reducir el impacto ambiental con los viajes al trabajo.

Sin embargo, no todas las personas están capacitadas para teletrabajar. Para Asunción Segura, psicóloga clínica, cuando este suele imponerse – como pasó en el confinamiento, que no había otra opción – y no se tiene en cuenta la capacidad de elección, es más fácil frustrarse que cuando puedes decidir aquello que quieres hacer.

El lenguaje corporal como la mirada, los gestos o el tono de voz, son unos de los principales factores que permiten que no se rompa la comunicación en un equipo de trabajo. Además, el ambiente, la transmisión de conocimientos entre el equipo y la socialización permite, a parte de mejorar la productividad entre los trabajadores, que exista una harmonía para trabajar de forma eficiente.

Miquel J., que se encuentra trabajando telemáticamente como analista financiero, comenta que si pudiera escogería trabajar presencialmente: “estoy en un trabajo que nunca antes había hecho y la transmisión de conocimientos de los otros trabajadores a mi no es la ideal”. Para Miquel, aunque muchos compañeros se esfuerzan para que aprenda, no es lo mismo poder estar con ellos día a día que tener una relación por llamada telefónica. Sin embargo, sí que ve factible que exista la posibilidad de teletrabajar para aquél que quiera.

Para Miguel Ángel, ingeniero informático que trabaja como analista y programador, la mejor opción sería un modelo mixto, con un tiempo teletrabajando y otro presencialmente. Y es que sí hay muchas personas que se pueden adaptar al trabajo en casa como Miguel Ángel: “si me tengo que decantar escogería el teletrabajo, tengo menos interrupciones, me permite una mayor introducción con mis objetivos y facilita la condición familiar”, aún así, también “echo de menos las sinergias que se crean entre los compañeros de equipo”.

Esto depende, en cierta medida, de las capacidades de adaptación que tenga cada persona y el grado de flexibilidad mental. Para Segura, las personas extrovertidas llevarían peor que las introvertidas trabajar desde casa “puesto que se llenan de las relaciones con los otros, de comunicarse y de salir”. Sin embargo, si el teletrabajo se impone, tiene que haber un acuerdo, tanto explícito o implícito. Es el caso de muchos profesores que se vieron desbordados en el confinamiento y no supieron separar el trabajo del tiempo de descanso. Para Segura, el trabajador se tiene que hacer responsable con su horario y comprometerse, pero la dificultad que han tenido es que han pensado más en los alumnos que en ellos mismos, por lo que debería existir una autorregulación entre ambas partes.

Con el trabajo presencial la rutina puede ser más variada: las personas salen de casa, hablan con gente y se producen distintos núcleos de comunicación. “No es ideal levantarte de la cama y tener el puesto de trabajo a medio metro”, comenta Miquel. Durante el viaje de ida al trabajo se puede conversar con distinta gente, observar el paisaje, encontrarse con un viejo conocido y, en definitiva, crear distintos núcleos de comunicación a partir de una gran cantidad de anécdotas y vivencia, que son consecuencia de desplazarse, de salir.

Por otra parte, si se teletrabaja, las personas suelen quedarse en casa realizando tareas relacionadas con su ocupación. No habrá posibilidad de contar nada nuevo a las familias o amigos, porque no se han vivido muchas más experiencias que las relacionadas con pantalla del ordenador.

Si el teletrabajo se estableciera como nueva normalidad, la forma de relacionarse entre las personas podría verse afectada con una “comunicación limitada”.

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