¿Cuál es el origen de las Gaiatas de La Magdalena?

Las fiestas de La Magdalena nacen con la fundación de Castelló, y cada los año monumentos iluminados o Gaiatas recorren la ciudad

¿Cuál es el origen de las Gaiatas de La Magdalena?
11/03/2019 -

La fiesta más popular de Castelló, La Magdalena, nace a partir de la fundación de la ciudad, por lo que para comprender el sentido de las fiestas y su significado en la vida cotidiana, es necesario conocer la historia de la ciudad y de sus monumentos más especiales: las Gaiatas.

La leyenda más popular cuenta que fue en la noche del tercer sábado de Cuaresma cuando los habitantes del Castillo de Fadrell (ahora Castell Vell) debían trasladarse a la ciudad en la plana, que había sido recientemente liberada por Jaume I, con mejor acceso y tierras mucho más fértiles.

Gaiata actual

Las Gaiatas nacen a partir del duro y largo camino que debían emprender los habitantes del castillo, sabiendo que deberían pasar la noche en la montaña, colgaron faroles de sus gaiatos y ataron a los niños para que no se perdieran en el camino.

Los rotllos, panes redondos con un agujero en el centro, también son típicos de la fiesta, ya que la leyenda cuenta que para el traslado, se llevaron muchos como provisiones, colgándolos alrededor del cuello para transportarlos más fácilmente.

En mitad de la noche, comenzó a llover, lo que les obligó a recoger cañas que se encontraron por el camino para sortear las corrientes de agua que se formaron en la tormenta.

Las Gaiatas en la actualidad

A partir de esta leyenda que ha sido puesta en entredicho, pero nunca desmentida, nacieron las Gaiatas, con el traslado de la población de cerro de la Magdalena a la plana, en una difícil noche que tuvieron que pasar en el camino. Hoy, las Gaiatas son monumentos que hacen alusión a esos faroles que pusieron en los bastones para que les guiaran, de unos seis metros de altura, en las que la luz es la protagonista. En muchas ocasiones, en la parte de arriba de las Gaiatas se coloca una especie de gancho, que recuerda al arco que forman los gaiatos.

Durante nueve días a partir del tercer sábado de Cuaresma, 19 barrios de la ciudad de Castelló tienen su propia Gaiata, y se organizan diversas fiestas alrededor de esta celebración.

Romería de les Canyes

Uno de los actos más emotivos, es la Romería de les Canyes, en las que la ciudadanía hace el camino inverso, subiendo desde la ciudad a la Ermita de la Magdalena, ayudados de cañas con cintas verdes entre los huertos de naranjos. Tras el ascenso, los vecinos y vecinas vuelven a la ciudad, para empezar la procesión de las Gaiatas, en las que las diferentes juntas festeras enseñan por primera vez sus monumentos iluminados en la noche.

75 aniversario de la fiesta

La Fiesta Grande de Castelló, sin embargo, no siempre fue así. Este año se celebra el 75 aniversario desde que se celebran de esta manera, desde el año 1251 en que Jaume I hizo trasladar el pueblo a la plana. Fue en 1945 cuando el Ayuntamiento de Castelló quiso revitalizar las fiestas de la Magdalena, haciendo la celebración tal y como la conocemos hoy. Se crearon 12 comisiones festeras, de cada uno de los barrios de la ciudad, y construyeron sus Gaiatas, aunque hoy en día son 19.

En un primer lugar, cuando el Castillo de Fradell fue abandonado con el paso de los años, la leyenda cuenta que un fraile eremita se instaló en las ruinas del castillo, iniciando su culto en honor de María Magdalena. Con la muerte del fraile, la población de Castelló acudió en romería para despedirse de él. A la vuelta empezó a llover, al igual que lo que cuenta la leyenda sobre el traslado. A partir de ahí, decidieron construir una ermita en honor de Santa María Magdalena, y celebrar rogativas en tiempos de sequía para pedir lluvias. En estas rogativas, la población acostumbrara a hacer pequeñas “gaiatas” para desfilar por las calles.

Ya en el siglo XV, se construyó una Gaiata de mayor tamaño, para conmemorar la extensión de los fueros de València a Castelló, y antecesora de las Gaiatas que tenemos hoy en día.

Las Gaiatas, muchas veces mal comparadas con las fallas de València, tienen su propia tradición, diferenciada de sus vecinas, y conforman un eje vertebrador de las fiestas de la Magdalena, recordando la fundación de la ciudad, en lugar de ser un evento religioso, como son en muchas casos las fiestas populares.

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