El aeropuerto de Castellón ha dado un paso que hace apenas unos meses parecía impensable: recibir vuelos chárter semanales desde Bratislava con turistas que vienen expresamente a pasar sus vacaciones en la provincia. El primer vuelo de esta operativa ya ha aterrizado, inaugurando una conexión directa que se extenderá durante 15 semanas —del 22 de junio al 28 de septiembre— y que tiene como objetivo canalizar la llegada de hasta 2.700 turistas eslovacos. No es un vuelo de negocios ni una escala técnica. Es turismo en estado puro, empaquetado y vendido en el mercado eslovaco.
Un producto nuevo en el catálogo europeo
Detrás de la operativa está Introducing Castellón, el club de producto turístico de la provincia, que ha cerrado un acuerdo con DER Touristik, el segundo operador turístico más importante por tamaño a nivel europeo. El trato implica algo que no había ocurrido antes en este aeropuerto: será la primera vez que llegue una operativa de vuelos chárter a demanda, con un vuelo semanal a la venta en el mercado eslovaco como paquete de vuelo más hotel, incluido en el catálogo del operador. Dicho de otro modo, cualquier ciudadano de Bratislava puede ahora reservar sus vacaciones en Castellón igual que reservaría un viaje a Mallorca o a la Costa del Sol.
La operativa no se limita al vuelo directo. Se completa con un vuelo regular de la compañía Eurowings desde Praga hasta el aeropuerto de Valencia, con dos frecuencias semanales, en el que el operador reservará plazas para turistas con destino a la provincia de Castellón. Una red de captación que se teje desde dos frentes simultáneamente.
"Uno de los objetivos fundamentales del aeropuerto es contribuir al desarrollo del sector turístico a través de la conexión con mercados emisores" - Raquel París, directora general de Aerocas
Austria ya mira a Peñíscola para 2027 y 2028
Si la conexión eslovaca es la novedad del verano, el verdadero volumen está aún por llegar. El aeropuerto de Castellón ha cerrado una segunda operativa chárter para traer 11.000 turistas austriacos repartidos entre 2027 y 2028, todos ellos con destino a hoteles de Peñíscola. En total, 54 vuelos de llegada distribuidos en nueve semanas: en 2027 se realizarán 24 vuelos en cuatro semanas, con una estimación de alrededor de 5.000 turistas, mientras que en 2028 la operativa se ampliará a cinco semanas, con 30 vuelos y una previsión de 6.000 visitantes.
La iniciativa está vinculada al programa Senioren Reisen Austria, gestionado en España por la compañía Iristour, y tiene un componente que va más allá del simple turismo de temporada alta. Esta operativa tendrá lugar en primavera, antes de la temporada alta de verano, con lo que contribuirá a la desestacionalización del sector turístico. Para los hoteles de Peñíscola, recibir miles de huéspedes en abril —cuando las playas aún no están saturadas— es exactamente el tipo de negocio que prolonga la viabilidad económica fuera del pico estival.
Hay, además, un precedente que da credibilidad al proyecto. En 2017 ya se programó durante seis semanas una operativa de turistas austriacos, aunque en aquel caso se trataba de una programación cerrada a cliente, no de paquetes a la venta a través de un operador. Ahora el modelo ha evolucionado y la escala es considerablemente mayor.
Un aeropuerto que consolida su papel turístico
El contexto en el que llegan estas noticias no es casual. El aeropuerto de Castellón cerró 2024 con 273.616 pasajeros, la segunda mejor marca de su historia, con previsión de superar los 300.000 en 2025. Para este año tiene programadas 14 rutas regulares, la cifra más alta de su trayectoria. El aeropuerto ya no es solo una infraestructura en construcción permanente de su propio relato: empieza a ser un instrumento real de atracción turística internacional.
En 2024, el turismo internacional en la provincia creció un 13,56%, y la ocupación hotelera rozó el 71%, aunque el 80% de los visitantes seguía siendo de origen nacional. Las operativas chárter con Eslovaquia y Austria apuntan precisamente a invertir esa proporción, abriendo la provincia a mercados europeos que hasta ahora miraban a otros destinos. El verano de 2026 será la prueba de fuego para la ruta eslovaca; si funciona, el modelo podría reproducirse con otros países centroeuropeos. Y si los austriacos vuelven en 2027 y 2028 como está previsto, Castellón habrá convertido su aeropuerto en algo más que una apuesta: en una palanca real de transformación turística.