El turismo en Castellón no es un fenómeno reciente. Mucho antes de que la provincia se convirtiera en uno de los destinos vacacionales más conocidos de la Comunitat Valenciana, sus playas, balnearios y localidades del interior ya despertaban el interés de los visitantes. La prensa de finales del siglo XIX y principios del XX dejó constancia de una afluencia cada vez mayor de veraneantes y de los primeros proyectos para impulsar una actividad que acabaría transformando buena parte del litoral castellonense.
Los primeros atractivos turísticos de Castellón
En los últimos años del siglo XIX, el Heraldo de Castellón ya recogía noticias acerca de la creciente afluencia de bañistas a poblaciones como Alcossebre, comparándola con temporadas anteriores. Aquel 11 de agosto de 1900, un titular destacaba "la circunstancia de ser el punto del litoral que más extensión de playa tiene", además de poner en valor el bajo precio de los alimentos.
El periódico también hacía referencia a las previsiones para el año siguiente y a cómo una hospedería tendría capacidad para albergar a 50 familias de veraneantes. Sin embargo, habría que esperar hasta los años sesenta para que se produjera el verdadero "despegue" turístico de la localidad.
La provincia de Castellón comenzó a destacar por otros enclaves que, con el paso del tiempo, se convertirían en algunos de sus principales destinos turísticos. En julio de 1925, el auge del turismo entre los grupos sociales con mayores recursos económicos ya era evidente. El corresponsal en Suera del Diario de Castellón, sin embargo, se lamentaba de que por las calles circulasen impunemente animales de corral y criticaba la falta de higiene y de una iluminación adecuada, reclamando mejoras al consistorio.
Peñíscola también aparecía entonces como uno de los grandes destinos de futuro. En enero de 1927, un artículo publicado en el Heraldo reclamaba medidas para potenciar el turismo en la localidad, aprovechando las palabras que años antes había dedicado Vicente Blasco Ibáñez a la localidad en "El papa del mar".
Entre las mejoras reclamadas se encontraba la construcción de una nueva carretera desde Benicarló, impulsada por la Diputación, a la que posteriormente se sumaría otra vía desde el apeadero del ferrocarril. Con el paso de las décadas, Peñíscola acabaría convirtiéndose en el municipio de la provincia que concentra un mayor número de plazas hoteleras.
Otro de los grandes atractivos fueron los balnearios que surgieron en torno a las propiedades de las aguas de diferentes manantiales de la provincia. Al borde de la Guerra Civil, en junio de 1936, el turismo de aguas medicinales comenzó a competir con los hoteles y fondas del interior. Los establecimientos de Catí, Llucena o Benassal aparecían en los anuncios de la prensa local, tratando de diferenciarse del resto y destacando su "clima ideal".
Después de la Guerra Civil y el despegue de los años 60 y 70
Los años posteriores a la Guerra Civil supusieron un cambio en todos los ámbitos. España atravesaba una dura posguerra y la evolución de la sociedad fue modificando también los hábitos y gustos turísticos. El sector comenzó a recuperarse hasta vivir una auténtica eclosión durante las décadas de los años sesenta y setenta.
Las zonas costeras acogieron buena parte de la inmigración procedente del interior de la provincia, pero también de otras comunidades autónomas como Aragón, Castilla o Andalucía. Este proceso estuvo acompañado por el nacimiento de una nueva forma de entender las vacaciones: el turismo residencial y el veraneo en apartamentos, que coincidió con la construcción de nuevas plazas hoteleras.
Durante los años sesenta, el desarrollo del sector turístico avanzó en paralelo al crecimiento de la oferta de ocio nocturno y restauración en la provincia. Un anuncio publicado en el periódico Mediterráneo el 15 de julio de 1969 permite conocer algunos de los locales más destacados del momento en la Plana, entre ellos Tebaida, el night club El Pirata, Círculo Azul o la discoteca Sargento Peppers.
Por aquella época también comenzó a cobrar importancia la llegada de turistas extranjeros. La prensa se hizo eco de la llegada de 90 turistas alemanes a Benicàssim, un hecho que puso de relieve el creciente interés de la localidad entre los visitantes internacionales. A partir de entonces comenzaron a aparecer también referencias a los vuelos con Alemania.
Más turistas y nuevos servicios
Con la creciente afluencia de turistas comenzaron a mejorar también los servicios vinculados al turismo. A comienzos de la década de los setenta empezaron a estrenarse las primeras torres de vigilancia para los socorristas de Cruz Roja en las playas castellonenses. En 1976, las previsiones apuntaban a la llegada de 100.000 turistas a Benicàssim y, en abril de aquel año, la prensa se hizo eco de la existencia de 16 nuevos hoteles en proyecto a lo largo de la costa provincial.
Más adelante llegarían otros proyectos que acabarían formando parte del paisaje turístico de la provincia, como Aquarama o el Paseo Marítimo. De esta manera, Castellón fue consolidando durante el siglo XX una industria turística que había comenzado a dar sus primeros pasos muchas décadas antes, cuando los periódicos ya hablaban de las playas de la provincia como un atractivo para los primeros veraneantes.