La provincia de Castellón guarda un patrimonio natural extenso y diverso. Parajes protegidos, microrreservas, paisajes singulares y el litoral a tan solo un paso hace de esta región uno de los rincones de España donde todavía queda mucho por descubrir. Entre todos esos tesoros, hay siete parques naturales que se han convertido en imprescindibles para cualquiera que quiera recorrer el territorio. A continuación, te presentamos un itinerario por los puntos que no puedes perderte si visitas Castellón.
El viaje empieza en la Sierra de Irta, un oasis en el litoral que aún conserva doce kilómetros de costa sin urbanizar. Sus acantilados, coronados por la torre Badum, dejan vistas de postal frente al Mediterráneo. En el interior sobreviven castillos árabes como el de Xivert y el de Polpis, que más tarde fueron templarios. Bajo el agua, la reserva marina protege una pradera de posidonia tan bien conservada que convierte el esnórquel en una experiencia ineludible. La sierra, con sus senderos y crestas, es un refugio para quienes buscan pura naturaleza.

A pocos kilómetros, el Desert de les Palmes despliega un paisaje que parece sacado de otra época. Se trata de una serranía paralela a la costa que los Carmelitas descalzos convirtieron en lugar de retiro y contemplación. De ahí su nombre: un “desierto” espiritual rodeado de palmitos, crestas y roquedos que hoy atrae a senderistas y ciclistas. Sus dos grandes cimas, la Mola del Morico y el Bartolo, ofrecen unas increíbles vistas panorámicas.

El recorrido continúa hacia el interior, donde el Penyagolosa domina el paisaje. Con 1.814 metros, es la cima más alta de la Comunitat Valenciana y un icono para los senderistas. La ruta que une el santuario medieval de Sant Joan con la cumbre es casi un plan imprescindible. A medida que se asciende, la vegetación cambia e incluso se pueden observar especies animales.

Más al sur, la Sierra de Espadán despliega el parque natural más extenso de la provincia. Sus bosques de alcornoques, sus pueblos de herencia árabe, sus castillos y sus antiguas neveras se pueden visitar a partir de rutas atraviesan un paisaje silíceo único. Este lugar es, quizá, el rincón de la provincia que mejor combina naturaleza y memoria.

Frente a la costa, a 48 kilómetros mar adentro, emergen las Islas Columbretes, un archipiélago volcánico que durante siglos fue conocido como las Islas de las Serpientes. Hoy es uno de los enclaves más valiosos del Mediterráneo occidental, hogar de especies únicas y reserva marina de referencia. Solo se puede visitar la Illa Grossa, y hacerlo es como entrar en otro mundo donde predominan los paisajes abruptos, la fauna singular y un increíble entorno para hacer buceo.

El viaje continúa en la Tinença de Benifassà, un macizo abrupto moldeado por siglos de vida rural y usos tradicionales. Sus paisajes grandiosos, sus bosques y sus senderos (como el del embalse de Ulldecona, el Portell de l’Infern o el Salt de Robert) revelan una biodiversidad extraordinaria. Aquí vive la población de cabra montés más importante de la Comunitat Valenciana, y también uno de sus monasterios más antiguos: Santa María de Benifassà.

El último imprescindible es la Sierra Calderona, el parque natural más meridional de la provincia. Un territorio de barrancos, valles y montañas que se ha convertido en uno de los grandes destinos de senderismo del verano. Sus pueblos guardan tesoros históricos como la Cartuja de Porta Coeli, la Cartuja de Valldecrist o el Monasterio de Santo Espíritu del Monte, además del Castell de Serra, que domina el valle del Turia desde 536 metros de altitud.
