Castellón se prepara para un verano con sabor propio. Una ciudad que siempre ha presumido de cocina mediterránea estrena ahora una ruta que convierte la croqueta en territorio de imaginación culinaria. Treinta locales, treinta recetas y un mismo reto: demostrar que un bocado tan humilde puede ser también una declaración de identidad. Así nace la Ruta de la Croqueta Krujiente, que del 3 al 25 de julio transforma las calles en un mapa de sabores inesperados.
La iniciativa llega impulsada por el Patronato Municipal de Turismo, pero nace de una inquietud que los hosteleros llevan tiempo repitiendo: el verano necesita movimiento, propuestas capaces de atraer público y de activar el consumo en los locales. Y es que Castellón quiere aprovechar todo el potencial de su gastronomía, no solo como reclamo turístico, sino como motor económico que mantenga viva la actividad durante todo el año. Y pocas cosas conectan tanto con el público como una croqueta bien hecha y con un gran sabor.

Y la ruta llega con una promesa irresistible: viajar por medio mundo sin salir de la ciudad. Hay croquetas que saben a senyoret, a kimchi, a chimichurri, a trufa, a ají amarillo, a gamba roja, a cecina de Teruel o a carrillera al vino tinto. Cada local ha creado su propia pieza, y el resultado es un recorrido que mezcla tradición y creatividad.
El comensal decide
El público será protagonista. En cualquiera de los establecimientos se podrá pedir el Croquevoto, una papeleta que se irá sellando por cada croqueta consumida. Para participar en los sorteos bastará con visitar dos locales distintos, reunir los sellos y votar por la favorita. La ruta entregará dos premios: la Mejor Croqueta, elegida por un jurado gastronómico, y la Croqueta Más Popular, decidida directamente por quienes recorran Castellón croqueta en mano. Un sistema que convierte la experiencia en una pequeña competición.
En esencia, Krujiente no solo busca llenar mesas, sino que quiere ir un paso más allá. Lo que se busca es activar la ciudad, celebrar la creatividad de los hosteleros y ofrecer al público la posibilidad de dar la vuelta al mundo tan solo probando un bocado. Una ruta que convierte algo tan característico como la croqueta en un auténtico viaje gastronómico. Y todo ello en Castellón, una ciudad que sabe innovar y atraer a su público a través del paladar.