Las poblaciones de murciélagos crecen en cuevas protegidas de la Comunitat Valenciana

La cueva de Macastre ha pasado de unos 1.000 ejemplares en 2015 a más de 4.000, según el seguimiento de la Generalitat y Vaersa

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Murciélago en una cueva protegida en la Comunitat Valenciana
Murciélago en una cueva protegida en la Comunitat Valenciana
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Los equipos de Vida Silvestre y de Xarxa Natura 2000 de la Generalitat han constatado un aumento de las poblaciones de murciélagos autóctonos en cuevas y refugios de la Comunitat Valenciana donde se han aplicado medidas de conservación y protección. El seguimiento realizado en los últimos años ha confirmado la eficacia de actuaciones como la instalación de vallados rígidos para impedir el acceso no autorizado a estos espacios, especialmente delicados durante la reproducción, la cría y la hibernación.

La cueva de Macastre, el caso más destacado

Uno de los ejemplos más significativos ha sido la cueva de Macastre, donde la colonia de murciélagos se ha cuadruplicado desde 2015. Entonces se censaban alrededor de un millar de ejemplares y, en la actualidad, la población supera los 4.000, lo que la convierte en uno de los principales refugios de reproducción de la Comunitat Valenciana.

Esta cavidad alberga hasta ocho especies autóctonas de quirópteros, entre ellas algunas de las colonias más numerosas de murciélago mediterráneo de herradura (Rhinolophus euryale) y murciélago de cueva (Miniopterus schreibersii) de la Comunitat Valenciana. También constituye un refugio relevante para el murciélago ratonero mediano, el murciélago ratonero ibérico y el murciélago ratonero patudo, una especie de distribución muy restringida en el Mediterráneo occidental que estuvo al borde de la desaparición en este territorio.

Seguimiento científico sin acceso al interior

La Conselleria de Medio Ambiente ha protegido estas cavidades con vallados rígidos que impiden la entrada de personas y de algunos depredadores, al tiempo que preservan las condiciones de tranquilidad necesarias para el desarrollo de las colonias. Las cuevas ofrecen unas condiciones estables de humedad y temperatura que permiten a estos mamíferos reducir el gasto energético y completar con éxito etapas críticas de su ciclo biológico.

Los especialistas de Vaersa han realizado el seguimiento de las poblaciones de murciélagos en distintas cuevas de la Comunitat Valenciana desde 1997. Los censos se han llevado a cabo mediante técnicas no invasivas para evitar perturbaciones durante la reproducción y la cría.

Para ello, los equipos se han situado en la entrada de las cavidades al anochecer y han empleado cámaras con iluminación infrarroja y micrófonos capaces de registrar los ultrasonidos que emiten los murciélagos durante el vuelo. Cada especie emite un tipo de sonido distinto, lo que ha permitido identificarla y contabilizar los ejemplares combinando observación visual y acústica sin necesidad de acceder al interior.

Refugios clave para la biodiversidad

Tras abandonar los refugios, los murciélagos pueden desplazarse decenas de kilómetros en busca de alimento por ríos, bosques o espacios abiertos, y regresan después a la misma cueva para resguardarse. La mayoría de los murciélagos presentes en la Comunitat Valenciana son insectívoros y desempeñan un papel ecológico relevante como controladores naturales de plagas e insectos, además de contribuir al equilibrio de los ecosistemas y a reducir la presencia de especies molestas para la agricultura y las personas.

La Generalitat ha señalado también que los murciélagos autóctonos no representan un peligro para las personas y que solo pueden morder si son capturados o manipulados. En muchas especies, además, la reproducción se basa en la fecundación diferida: el apareamiento tiene lugar en otoño, antes de la hibernación, pero las hembras conservan el esperma durante varios meses y la fecundación no se produce hasta la primavera, cuando las condiciones ambientales son favorables para el desarrollo de las crías.

En la Comunitat Valenciana existen 35 cuevas que albergan importantes agrupaciones de murciélagos. Los periodos de hibernación, apareamiento y cría son especialmente sensibles, por lo que cualquier alteración del interior de estos refugios puede provocar el abandono de las colonias y comprometer la supervivencia tanto de las crías como de los ejemplares adultos.